septiembre 29, 2014

Festival en marcha

Co-Libris, el 1º Festival Regional de Lectura, se acerca (8 y 9 de noviembre).
Está confirmada la presencia de estudiantes, docentes y público interesado de las diversas provincias del Departamento de Cajamarca, así como de La Libertad.
Los ponentes también han confirmado su presencia: por Cajamarca estarán –a más de nuestro equipo central–, Miguel Garnett, Rosa Vásquez, Manuel Angulo, José Isabel Ayay y Luis Cerna. De Lima vendrá la bibliotecóloga Gabriela Hidalgo y estarán también Kepa Osoro, de España, y Javier Naranjo, de Colombia.
Temas de educación, lectura, comprensión lectora, animación y literatura, cultura, etc., serán abordados en el evento.
Y la fiesta de leer, la gana de seguir creyendo que es posible recuperar el mundo que la codicia y la ignorancia colonizante arrebata.
El cupo es limitado y las inscripciones se cierran este próximo 15 de octubre.

Preparando la Asamblea

La Asamblea de bibliotecarios es una oportunidad para recargar baterías. Reencontrarnos con compañeros de diversos lugares de nuestra querida tierra nos anima a seguir.
Inspirados en este reencuentro todos los voluntarios intensifican su trabajo, silencioso pero fortalecedor. A pesar de los aguaceros y las distancias, visitan sus bibliotecas, realizan círculos de lectura y, desde la Oficina Central, también nos esmeramos, sin medir tiempos ni esfuerzos, en organizar la Asamblea y fundamentalmente preparar los libros que llevarán nuestros coordinadores a sus bibliotecas.
El día de ayer nos visitó Jorge Carrasco, Coordinador de San Juan de Cutervo, a más de un día de viaje.
Al llegar a la casa nos dijo que sentía nostalgia de no encontrarse con los demás coordinadores, que ya estaba esperando ansioso la Asamblea. Como buen voluntario, aún con el cansancio del viaje y la preocupación por la salud de sus familiares, se sumó a nuestras labores en la reparación de libros, a medida que nos iba contando algunas anécdotas de los demás coordinadores de su zona.
Don Jorge es un ejemplo de buen comunero y miembro honorable de nuestra familia bibliotecaria. Con sus acciones reafirma una vez más que en el campo trajinamos por el bienestar de todos. La recompensa está en seguir juntos, andando.

Lecturas

Para nosotros, leer es también un placer, un gozo. Cuanto más voluminoso el libro, a veces mejor. Entonces no comprendemos porqué la preocupación de algunas personas en poder leer más rápido o leer más páginas en menos tiempo. Porque al fin es como con la comida: cuando más lento y tranquilo leo, más fácil puedo digerir.
Aquí una reflexión sobre la lectura rápida que quisiéramos compartirles, con nuestros mejores saludos:
Hice un curso sobre lectura rápida y leí “Guerra y Paz” en veinte minutos. Creo que decía algo sobre Rusia.
Woody Allen

“Pero es mucho más que esto…”

Mi prima Kate Heery y yo acabamos de regresar de otra impresionante e inspiradora visita a las Bibliotecas Rurales en los Andes del norte de Perú, donde vimos los éxitos y los permanentes retos de los voluntarios que manejan más de 400 bibliotecas, mientras continúan con su lucha contra el cambio climático, la escasez de agua, la contaminación, la falta de atención en salud, la despoblación y la siempre presente explotación de las reservas de oro que subyacen la mayor parte de la región Cajamarca.
Éstos son algunos de los pensamientos de Kate.
Helen
Una primera visita a las Bibliotecas Rurales en Cajamarca y es difícil saber por dónde empezar…
El tiempo que pasamos con los voluntarios de Bibliotecas Rurales estaba lleno de nuevas experiencias e impresiones; nos encontramos con personas que dedican gran parte de su vida a ayudar a las personas que viven en áreas remotas para tener acceso a los libros. Pero es mucho más que esto, es un propósito muy noble, acertado. El espíritu de comunidad y solidaridad es tangible donde quiera que uno vaya, desde las oficinas en el local de Bibliotecas Rurales en Cajamarca a las chocitas de los bibliotecarios en las montañas.
En estos tiempos de creciente incertidumbre y explotación invasiva, las comunidades de los Andes son un ejemplo brillante de lo que se puede lograr con cooperación y solidaridad. Bibliotecarios voluntarios nos acompañaron a las granjas, pueblos y aldeas, donde tuvimos el privilegio de conocer una cultura local que nos asombró a cada paso.
Las distancias que tienen que recorrer niños y padres para beneficiarse del sistema de educación es impresionante: caminar una hora a la escuela no parece ser inusual. Las escuelas y las comunidades que visitamos se encuentran frente a grandes desafíos para adaptar el sistema educativo a la agricultura y la vida cotidiana de los campesinos, y las Bibliotecas Rurales y sus voluntarios son un eslabón fundamental en estos andares.
Fue una experiencia increíble y me siento privilegiada de haber sido parte de ello por unos días.

septiembre 24, 2014

Politikos e idiotikos

Ahora que es tiempo de elecciones y la propaganda nos viene sobresaturando, amigos lectores de nuestro blog –a quienes agradecemos por su interés y presencia– nos han pedido insistir con esta nota.
Y aquí va, para variar, con otra viñeta.
A finales de junio de este año (2011), nuestro compañero Alfredo Mires Ortiz dio una conferencia titulada “Educar al escorpión”, en el marco del I Congreso Internacional y IX Nacional de Educación Intercultural Bilingüe “José María Arguedas”, en Cajamarca.
Aquí un extracto, bastante pertinente a la luz de los recientes acontecimientos en la región:
“En la Grecia antigua, se establecía una marcada diferenciación entre los politikos y los idiotikos.
Los políticos, literalmente, optaban por la ciudad, comprendida en ese entonces como el colectivo, las pequeñas aldeas soberanas denominadas pólis. Ésta era la gente preocupada por los asuntos de los Estados y fue de ahí, precisamente, que surgió el concepto y la práctica de la democracia como doctrina política en la que el pueblo participaba de su gobierno.
Por esta razón, quién aspiraba a ejercer un cargo público debía estar libre de polvo y paja y ser inocente o cándido: de ahí es que viene la palabra “Candidato”… (sin comentarios)
Y es por eso que hasta hoy, en el propio diccionario de la lengua española, la palabra política significa –en primer lugar– cortesía, y luego “Arte con el que se conduce un asunto. Opinión o intervención en los asuntos del Estado o la cosa pública”.
Los idiotikos, en cambio, eran aquellos que sólo se ocupaban de sus intereses privados. La palabra idio significa propio. Los idiotikos, entonces, no estaban interesados en el bienestar de los demás.
No vamos a entrar en detalles sobre la forma cómo se han trastocado los significados ni en la exagerada coincidencia de la historia griega con algunos contextos nacionales, pero sí es importante comprender que el interés primario de una política pública es la dedicación decente al colectivo que la hace posible.
Ya en el siglo XVI, Thomas Moro –quien fue decapitado por decir lo que pensaba y cuatrocientos años después convertido en santo–, señala en uno de sus escritos: “...donde hay propiedad privada y donde todo se mide por dinero, difícilmente se logrará que la cosa pública se administre con justicia y se viva con prosperidad”.

Fiestas con libros

Soy voluntaria en nuestra Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca y, por las mañanas, trabajo como profesora de educación primaria.
Algunos de mis niños, cuando cumplen años, llevan un pastel al aula. Entonces convocamos juntos a un mago imaginario que les visita, adorna su mesa, les trae otros pasteles de distintos sabores, velas mágicas y todo cuando nuestra imaginación es capaz de hacernos ver.
Como parte de estas “fiestas instantáneas”, los niños eligen cómo quieren arreglar su mesa de cumpleaños. Algunos piden títeres, otros prefieren juguetes o rompecabezas… y algunos piden libros.
Sí, hay niños que prefieren arreglar su mesa de cumpleaños con libros y conforme los vamos colocando cuentan qué leyeron en ellos.
Actitudes como las de Alessandro y María Fernanda me dan muchas alegrías y nuevas esperanzas.
Lola Paredes

septiembre 07, 2014

Comienza La Colmena

Llevo recién dos días viajando, parando de comunidad en comunidad, en cada escuelita del camino, hablando con profesores y alumnos.
Calculo que debo llegar antes que caiga la noche a un caserío de la provincia de Santa Cruz. Pero aún estoy en zonas de la provincia de Chota, hacia occidente.
Me detengo en un recodo, a lado de unas casitas, para preguntar si tienen algunas verduras, que me vendieran, para el fiambre.
La familia está desgranando maíz. No hay verduras.
– ¿Qué hace viajando por aquí? –me preguntan.
Les explico que soy de las Bibliotecas Rurales de Cajamarca, lo que somos y hacemos.
– ¿Tienen libros de derecho? –pregunta alguien.
– Mejor pase a nuestra casa para explicarnos más –dice el papá.
Conversamos.
– Tenemos que reunirnos todos –dicen –. Vamos ahora a juntar el maíz y avanzar con los trabajitos.
Por la noche hay reunión y vuelvo a explicarles todo.
– Cuando uno es humilde y no conocemos, nos engañan y abusan de nosotros –dice don Francisco–, por eso es bueno que leamos y nos preparemos.
– ¿Yo podría ser bibliotecaria? –pregunta la señora Maritza.
– Decidámoslo entre todos –le digo.
Hace muchísimo frío y afuera sopla el viento haciendo tronar el techo. Pero hay un calorcito que nos anima y nos junta.
Cargo conmigo una caja con libros.
El caserío se llama La Colmena: esta misma noche inauguramos la biblioteca.
Ya tenemos otra razón para seguir andando, para seguir creyendo.
Alfredo Mires Ortiz,
Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

Nerly

“Conocí Bibliotecas Rurales desde niña, por intermedio de mi papá, porque él es Coordinador de la Red y en mi casa funciona una biblioteca.
Me gusta mucho el trabajo que hacen y por eso vengo a apoyarles: dejo una familia para estar con mi otra familia.
Ahora estoy ayudando con el mantenimiento del local y arreglando el Centro de Canje. Les invito a aquellos que todavía no conocen Bibliotecas a unirse a esta familia, porque es muy bonito”.
Así nos dice Nerly Díaz Guevara, de la comunidad de Masintranca, en el distrito Chalamarca.
Desde hace unas semanas contamos con su grata presencia en la central de nuestra Red, apoyándonos en todo, también preparando libros para que lleven a las bibliotecas. Y animando el trabajo con su alegría.
Gracias, Nerly.

septiembre 05, 2014

El coraje de leer

En este tiempo de celulares, internet, facebook y wifi es cada vez más difícil encontrar a gente leyendo. Es igual de raro hallar a jóvenes con un libro en las manos que a adultos y hasta profesionales que enseñan con su ejemplo, y actitud, que leer es un verdadero placer.
Es por eso que uno de los trabajos permanentes e insistentes de la Red de Bibliotecas Rurales es demostrar que la lectura nos puede ayudar a crecer.
Rumi Mires, voluntario de la Red y ahora estudiante de Lengua y Literatura, se ha tomado en serio este reto. En estos días está elaborando una serie de videos que manifiestan la profundidad y los valores que aporta el acto de leer a la vida de cada uno de nosotros.
Esta serie se titula “El coraje de leer” y pronto estará disponible para nuestros eventos y nuestro trabajo en el campo.
Con este trabajo, Rumi vigoriza las palabras del escritor François Fénelon: “Si a cambio de mi amor a la lectura viera a mis pies los tronos del mundo, rehusaría el cambio.”
Felicitaciones y gracias.

¡Mis respetos, compañeros!

A fines del mes de agosto estaba planificando mi visita a La Unión donde trabaja Dina Vitón como coordinadora del Programa Comunitario.
La Unión queda en la provincia de Chota y pertenece al distrito de La Paccha. Es más fácil llegar ahí partiendo desde Bambamarca. Es una ruta larga con poca movilidad y la condición de la ruta es de temer.
Para eso, tuve que llegar a Bambamarca el día anterior donde unas hermanas religiosas muy amablemente me ofrecieron generosamente de su comida y hospedaje. Pero en el trayecto desde Cajamarca se había volcado un camión carguero y la carretera estaba bloqueada por casi una hora. Ya de noche llegué a Bambamarca.
En la madrugada del día siguiente, el chofer de la camioneta que hace la ruta hacia La Unión había ofrecido recogerme en el hospedaje a las tres de la mañana. Me costó levantarme… solo para luego tener que esperar otra media hora hasta que por fin vinieron a buscarme.
El viaje a La Unión dura aproximadamente tres horas y uno pasa por un paisaje precioso… pero estas tres horas se hacen largas, sobre todo cuando –como ya de regreso– éramos siete personas y tres niños que ocupábamos la cabina de la camioneta. ¡Ni hablar de la pobre gente que viajaba en la tolva! Por lo menos eran otros diez. Y creo que todos teníamos moretones hasta cuatro días después de haber llegado a casa, porque en esta trocha hay tantos baches y piedras que ni el mejor chofer pueda esquivarlas.
No somos personas quebradizas ni nos incomodan los viajes que nos pueden golpear, pero esta salida a La Unión me hizo admirar a todos mis compañeros del campo que hacen viajes similares, cuatro veces al año, para participar en nuestros encuentros de capacitación en Cajamarca. Eso fuera de los viajes de intercambio y las dos visitas cada mes a los niños a su cargo. Y todo eso lo hacemos voluntariamente, solo a cambio de los aprendizajes que podemos ofrecer, la sonrisa de los Juanitos y el respeto de las familias a los que ayudan a aliviar sus penas.
Si tuviera sombrero, me lo sacaría, compañeros. Sólo me queda darles un gran abrazo y todas mis gracias.
Rita Mocker
Responsable del Programa Comunitario